El agua es uno de los principales argumentos utilizados en las discusiones alrededor del desarrollo minero en San Juan. La provincia es una de las principales jurisdicciones mineras de la Argentina, avanza hacia una nueva generación de grandes proyectos de cobre y, al mismo tiempo, se encuentra en una región árida donde la disponibilidad del recurso hídrico es estratégica. Pero cuando la discusión se traslada de los discursos a los números oficiales, aparece una realidad bastante diferente a la que suele instalarse en el debate público: la minería representa una porción minoritaria del agua utilizada en la provincia.
De acuerdo con los datos relevados por la Secretaría de Recursos Hídricos, San Juan utiliza alrededor de 1.500 hectómetros cúbicos de agua por año. De ese volumen, aproximadamente 50 hm³ corresponden a los permisos y concesiones destinados a la minería y la industria, lo que representa cerca del 3% del total.
La diferencia con otros sectores es considerable. La agricultura bajo riego concentra unos 1.210 hm³ anuales, equivalentes al 81% del volumen total, mientras que el consumo humano asociado a OSSE representa aproximadamente 240 hm³, cerca del 16%.
Los números permiten poner en perspectiva una discusión que muchas veces se presenta sin considerar la estructura completa del uso del agua provincial. La minería utiliza agua y, por tratarse de una actividad industrial que opera en una provincia árida, su utilización debe ser controlada y monitoreada. Pero los registros oficiales muestran que actualmente se encuentra muy lejos de ser el principal usuario del recurso.
El dato que cambia la discusión: tener una concesión no significa consumirla completa
Existe además una diferencia fundamental que resulta indispensable para interpretar correctamente las cifras: el volumen de agua autorizado para una actividad no equivale necesariamente al volumen que efectivamente consume.
Las concesiones y permisos establecen el volumen que una empresa puede utilizar bajo determinadas condiciones. Eso no significa que la totalidad de ese caudal termine siendo extraída o incorporada al proceso productivo.
En la minería moderna, además, una parte importante del agua utilizada en determinados procesos puede ser recuperada, recirculada y reutilizada. Por eso, comparar directamente el volumen máximo autorizado con el consumo efectivo puede generar una imagen distorsionada de la utilización real del recurso.
Uno de los ejemplos mencionados en el relevamiento es Veladero, en el departamento Iglesia. Desde la empresa señalaron que durante los últimos dos años no utilizaron la totalidad del volumen autorizado para su valle de lixiviación, debido a mejoras y optimizaciones introducidas en el proceso productivo.
Esto resulta particularmente importante cuando se analiza el futuro minero de San Juan. Los proyectos que actualmente se encuentran en distintas etapas de desarrollo no pueden ser evaluados únicamente a partir de cifras máximas de consumo estimadas durante sus estudios iniciales. Cada emprendimiento deberá contar con sus propios permisos, estudios técnicos, controles y condiciones de utilización del recurso.
El agua que una empresa tiene autorizada para utilizar y el agua que efectivamente utiliza son, por lo tanto, dos variables diferentes.
La agricultura concentra la mayor parte del consumo
El dato oficial adquiere todavía más relevancia cuando se observa qué actividad concentra el mayor volumen de agua en San Juan.
Con aproximadamente 1.210 hm³ anuales, la agricultura bajo riego representa alrededor del 81% del volumen considerado. El consumo humano ocupa el segundo lugar, con unos 240 hm³, mientras que minería e industria reúnen aproximadamente 50 hm³.
Esto no significa que el uso agrícola sea un problema ni que deba plantearse una competencia entre agricultura y minería. La cuestión central es entender cómo se distribuye el recurso y dónde existen oportunidades para mejorar su eficiencia.
De hecho, el relevamiento señala que actualmente alrededor del 45% de la superficie cultivada de San Juan cuenta con sistemas de riego por goteo. Las estimaciones técnicas citadas indican que una mejora en la distribución y eficiencia del riego podría permitir un ahorro de entre 300 y 400 hm³ de agua, sin necesidad de reducir la superficie cultivada.
El volumen potencialmente recuperable mediante una mejora de eficiencia agrícola resulta particularmente significativo cuando se lo compara con los aproximadamente 50 hm³ asociados a los permisos de minería e industria.
La discusión, entonces, deja de ser solamente cuánto utiliza cada sector y comienza a incorporar una pregunta mucho más importante: cuánto puede ahorrar San Juan mejorando la eficiencia de todos sus sistemas de utilización del agua.
Los grandes proyectos de cobre obligan a mirar hacia adelante
La discusión no termina con los datos actuales. San Juan se encuentra frente a una transformación de su matriz minera, con proyectos de cobre como Josemaría, Filo del Sol y Los Azules avanzando en distintas etapas.
Estos desarrollos tendrán demandas hídricas propias y deberán ser evaluados individualmente a medida que avancen hacia las etapas de construcción y producción. Los permisos actualmente registrados por la Secretaría de Recursos Hídricos reflejan las concesiones ya otorgadas y no constituyen una estimación definitiva de las necesidades futuras de todos los proyectos que todavía no alcanzaron su etapa productiva.
Esto significa que la expansión minera no puede analizarse simplemente trasladando los consumos actuales hacia el futuro. Cada proyecto deberá demostrar técnicamente cómo utilizará el recurso, qué volumen requerirá, cuánto podrá recuperar y reutilizar y qué mecanismos de monitoreo tendrá durante su operación.
En una provincia donde el agua es estratégica, ese control resulta indispensable. Pero también lo es discutir con datos y no únicamente a partir de percepciones.
Los grandes proyectos de cobre pueden representar inversiones de miles de millones de dólares, miles de puestos de trabajo durante sus etapas de construcción y cientos de empleos permanentes durante décadas. Por eso, el desafío para San Juan será compatibilizar esa nueva escala productiva con una administración eficiente de sus recursos naturales.
La propia experiencia de la provincia muestra que la discusión puede abordarse desde la tecnología y la eficiencia. La agricultura tiene margen para mejorar sus sistemas de riego, mientras que la minería incorpora procesos de recuperación y recirculación de agua para reducir sus necesidades de agua fresca.
El agua seguirá siendo un tema central, pero los números importan
La minería no puede quedar fuera de la discusión sobre el agua en San Juan. Por el contrario, cuanto mayor sea la actividad, mayor deberá ser el nivel de información pública, monitoreo y control sobre cada proyecto.
Pero esa discusión debe comenzar por una fotografía correcta de la situación actual.
Los datos oficiales indican que minería e industria concentran alrededor del 3% del agua contemplada en los permisos de uso de la provincia, frente al 81% de la agricultura y el 16% del consumo humano.
A eso se suma una segunda consideración que resulta determinante: los aproximadamente 50 hm³ asociados a minería e industria corresponden a permisos y concesiones y no necesariamente representan el volumen que las empresas efectivamente consumen.
En consecuencia, hablar de agua en la minería exige diferenciar entre concesión, extracción, consumo y reutilización. Son conceptos distintos y mezclarlos puede llevar a conclusiones equivocadas.
San Juan tiene por delante una oportunidad inédita con el desarrollo de sus grandes proyectos cupríferos. El desafío será aprovecharla sin descuidar un recurso estratégico para la población y para las actividades productivas que ya existen.
La discusión no debería ser minería contra agua, sino cómo administrar mejor el agua disponible para que San Juan pueda sostener su agricultura, garantizar el abastecimiento de sus habitantes y, al mismo tiempo, desarrollar una nueva minería de gran escala.
Los números oficiales muestran que la minería actualmente representa una porción reducida del uso hídrico provincial. El crecimiento que viene obligará a mantener ese control, mejorar la eficiencia y medir cada proyecto con información concreta. En una provincia árida, el agua debe cuidarse. Pero para cuidarla también hay que conocer con precisión quién la utiliza, cuánto utiliza y cuánto puede ahorrar.
