La minería volvió a ocupar un lugar central en la discusión política de Chubut. Othar Macharashvili habló de la necesidad de generar empleo e inversiones y llamó a trabajar para sacar a la provincia adelante; Jorge “Loma” Ávila cuestionó a una dirigencia que, según advirtió, terminará discutiendo la minería cuando haya más miseria; y el gobernador Ignacio Torres aseguró que no le tiene miedo al debate, aunque puso una condición: que cualquier desarrollo tenga licencia social.
Las tres posiciones tienen matices diferentes, pero juntas muestran algo que hasta hace pocos años parecía difícil de imaginar: la minería empieza a dejar de ser una discusión exclusivamente ambiental o política para convertirse también en una discusión sobre empleo, inversiones y futuro económico para Chubut.
Macharashvili: “Tenemos que juntarnos para sacar a Chubut adelante”
El planteo de Othar Macharashvili se inscribe en una preocupación que atraviesa a buena parte de la dirigencia chubutense: cómo sostener el empleo y la actividad económica en una provincia que durante décadas tuvo al petróleo como uno de sus principales motores.

El intendente de Comodoro Rivadavia puso el foco en la necesidad de generar nuevas oportunidades y de encontrar puntos de coincidencia entre los distintos sectores para impulsar inversiones y actividad productiva.
La discusión adquiere especial relevancia en una provincia donde la actividad hidrocarburífera continúa teniendo un peso determinante, pero enfrenta una transformación estructural. El desarrollo de Vaca Muerta en Neuquén modificó el mapa energético argentino y obligó a las provincias de la Patagonia a pensar cómo competir por inversiones y cómo sostener sus propias cadenas de proveedores.
En ese escenario, la diversificación productiva aparece como una necesidad concreta y no simplemente como una consigna política.
La minería forma parte de esa discusión porque Chubut posee recursos minerales de importancia y, al mismo tiempo, una infraestructura productiva, logística y de servicios que podría participar de una eventual expansión del sector.
Pero existe un problema: durante años la discusión quedó prácticamente congelada.
El debate minero chubutense quedó marcado por el conflicto social de 2021 y por la decisión de la Legislatura provincial de derogar la zonificación minera aprobada entonces. Desde ese momento, hablar de minería volvió a convertirse en una cuestión políticamente sensible.
Ahora el escenario parece estar cambiando.
Ávila fue más directo: “Lo van a discutir cuando tengan más miseria”
Si Macharashvili planteó la necesidad de encontrar caminos para generar empleo e inversiones, Jorge “Loma” Ávila llevó el planteo directamente al terreno político.

El dirigente petrolero cuestionó a la clase política por la forma en que viene abordando la discusión minera y lanzó una advertencia que sintetiza el problema: “Lo van a discutir cuando tengan más miseria”.
La frase tiene un peso particular porque Ávila no habla desde el sector empresario minero, sino desde una actividad que durante décadas fue uno de los principales motores económicos de Chubut.
El planteo apunta al costo de postergar indefinidamente una discusión sobre nuevas actividades productivas mientras las fuentes tradicionales de empleo atraviesan cambios.
Y allí aparece una contradicción que la provincia tendrá que resolver.
Chubut necesita inversiones privadas, necesita empleo y necesita generar nuevas oportunidades para sus trabajadores, pero al mismo tiempo mantiene cerrada una parte importante de su discusión productiva.
Mientras otras provincias avanzan con proyectos de cobre, oro, plata y litio y compiten por captar capitales internacionales, Chubut todavía debate qué lugar quiere ocupar en la nueva etapa de la minería argentina.
San Juan, Santa Cruz, Salta, Jujuy y Catamarca ya cuentan con proyectos en producción y otros en construcción o desarrollo. En varias de esas provincias, la minería pasó a formar parte de las estrategias de generación de empleo, exportaciones, infraestructura y proveedores locales.
La pregunta para Chubut es inevitable: ¿puede darse el lujo de quedar afuera de esa competencia por inversiones?
Torres: “No le tengo miedo” al debate minero
El gobernador Ignacio Torres introdujo una tercera posición y, posiblemente, una de las claves para entender hacia dónde podría evolucionar la discusión.
Torres aseguró que no le tiene miedo a discutir la minería, pero remarcó que cualquier desarrollo deberá contar con licencia social.

La definición es importante porque implica reconocer que la discusión existe y que no puede ser simplemente eliminada de la agenda política.
Pero también establece una condición.
La minería que eventualmente se discuta en Chubut deberá hacerlo bajo reglas claras, controles ambientales, participación de las comunidades y una relación concreta entre los proyectos y los beneficios que puedan generar en los territorios.
La licencia social, en ese sentido, aparece como el punto donde pueden encontrarse posiciones que históricamente estuvieron enfrentadas.
Porque discutir minería no necesariamente significa discutir una actividad sin controles. Tampoco significa que cualquier proyecto deba ser aceptado automáticamente.
Significa discutir qué proyecto, dónde, bajo qué condiciones, con qué tecnología, con qué controles ambientales, cuánto empleo generará, qué proveedores locales participarán y qué recursos quedarán en las comunidades.
Ese debate es diferente al esquema de “minería sí o minería no” que dominó buena parte de la discusión pública durante los últimos años.
Una provincia que necesita volver a hablar de producción
El punto en común entre las declaraciones de Macharashvili, Ávila y Torres aparece entonces en una palabra: desarrollo.
Chubut necesita discutir cómo generar empleo privado y cómo incorporar nuevas inversiones a su economía.
La provincia tiene petróleo, gas, pesca, turismo, recursos minerales, potencial eólico y una ubicación estratégica en la Patagonia. Sin embargo, continúa enfrentando problemas para transformar buena parte de esos recursos en cadenas de valor capaces de generar empleo sostenido.
La minería podría convertirse en uno de esos motores, aunque para eso primero deberá existir una discusión política y social que permita determinar bajo qué condiciones podría desarrollarse.
Y allí aparece uno de los principales desafíos.
No alcanza con que una empresa quiera invertir. Tampoco alcanza con que un funcionario diga que la minería genera empleo. La provincia necesita construir un marco que permita que la inversión privada conviva con controles ambientales, participación ciudadana y beneficios concretos para las localidades.
Pero tampoco parece sostenible que la única respuesta frente a cualquier posibilidad de inversión sea postergar indefinidamente la discusión.
El costo de esa demora también existe.
Cada proyecto que no avanza implica inversiones que no llegan, trabajadores que no son contratados, proveedores que no venden y comunidades que pierden una posibilidad de diversificar su economía.
El debate minero ya no puede reducirse a una consigna
La discusión que vuelve a aparecer en Chubut tiene una diferencia sustancial respecto de la de años anteriores.
Ya no se trata únicamente de si la provincia quiere o no quiere minería.
Ahora el contexto económico obliga a formular preguntas mucho más concretas.
¿Qué actividades permitirán generar empleo privado? ¿Cómo se atraerán inversiones? ¿Qué sectores pueden complementar al petróleo? ¿Cómo se desarrollarán proveedores locales? ¿Qué oportunidades tendrán los jóvenes que hoy deben abandonar la provincia para encontrar determinadas oportunidades laborales?
En ese escenario, las declaraciones de tres dirigentes provenientes de espacios diferentes adquieren especial relevancia.
Macharashvili reclama unidad para sacar a Chubut adelante. Ávila advierte que la discusión no puede seguir postergándose hasta que la crisis sea más profunda. Torres admite que el debate debe darse, aunque reclama licencia social.
No son exactamente la misma posición.
Pero sí representan un cambio respecto de una etapa en la que hablar de minería en Chubut parecía políticamente imposible.
Chubut frente a una decisión que ya no puede seguir postergando
La minería no resolverá por sí sola los problemas económicos de Chubut. Tampoco reemplazará al petróleo ni garantizará automáticamente desarrollo para todas las localidades.
Pero puede formar parte de una estrategia de diversificación productiva si la provincia decide discutirla con seriedad.
El verdadero desafío será salir de la lógica de la consigna y entrar en la discusión de los proyectos concretos: inversiones, empleo, infraestructura, proveedores, controles ambientales, regalías, desarrollo local y participación comunitaria.
Chubut tiene recursos y tiene trabajadores. También tiene una larga experiencia industrial y energética.
Lo que ahora empieza a aparecer con mayor claridad es la necesidad de decidir qué quiere hacer con todo ese potencial.
Y esta vez, la discusión ya no parece venir solamente de las empresas mineras: también la están reclamando dirigentes políticos y sindicales.
