Mientras Neuquén transformó a Vaca Muerta en sinónimo de inversiones, empleo y divisas, Chubut tomó el camino inverso. Con una de las mayores reservas de plata del mundo, un yacimiento aurífero de clase internacional y recursos de uranio estratégicos, la provincia patagónica optó por prohibir la minería metalífera y dejó bajo tierra miles de millones de dólares.
Hoy, en medio de una crisis fiscal crónica, el debate vuelve a escena: ¿cuánto desarrollo se perdió?
Una provincia rica en recursos, pobre en decisiones estratégicas
En 2003, tras el plebiscito de Esquel, Chubut sancionó la Ley XVII-N°68 (ex 5001), que prohíbe la minería metalífera a cielo abierto y el uso de cianuro. Desde entonces, proyectos de escala internacional quedaron congelados.
El caso más emblemático es Proyecto Navidad, considerado uno de los mayores depósitos de plata sin desarrollar del planeta. Diversos informes técnicos estimaron que su puesta en marcha implicaría inversiones iniciales superiores a los USD 1.000 millones y la generación de entre 2.500 y 3.000 empleos directos en construcción, además de más de 1.000 puestos permanentes en operación, sin contar el efecto multiplicador sobre proveedores, transporte, servicios metalmecánicos y comercio regional.
A eso se suma Proyecto Suyai, en cercanías de Esquel, un yacimiento de oro con potencial de inversión de varios cientos de millones de dólares y un perfil productivo que podría haber dinamizado la cordillera chubutense, hoy con fuerte dependencia del empleo público y actividades estacionales.
Si se proyecta un escenario conjunto —Navidad más Suyai—, el flujo de inversiones acumuladas podría haber superado los USD 2.000 millones en una década, con miles de empleos directos e indirectos, regalías provinciales y recursos fiscales clave para infraestructura, rutas, hospitales y desarrollo productivo.
Sin embargo, la provincia optó por mantener bajo tierra esos activos estratégicos.
El uranio: la otra “Vaca Muerta” silenciosa
En paralelo, Chubut posee importantes recursos de uranio en la meseta central. En un contexto internacional donde la energía nuclear vuelve a posicionarse como alternativa para la transición energética y la reducción de emisiones, el uranio adquiere un carácter estratégico.
Argentina tiene tradición nuclear, pero importa concentrado de uranio. La posibilidad de desarrollar recursos propios en Chubut podría haber reducido dependencia externa y generado un nuevo polo energético-minero.
Algunos analistas llegaron a describir estos recursos como la “Vaca Muerta del uranio”, en referencia al potencial transformador que tuvo el shale neuquino. Sin embargo, la falta de consenso político y la persistente resistencia social mantuvieron esos proyectos en etapa de exploración o directamente paralizados.
Inversión, empleo y encadenamientos que nunca llegaron
El impacto económico de la minería moderna no se limita a la extracción. Implica:
- Desarrollo de proveedores locales.
- Infraestructura vial y energética.
- Capacitación técnica.
- Aumento de exportaciones.
- Ingreso de divisas.
- Regalías para municipios y provincia.
Mientras provincias como San Juan, Santa Cruz o Catamarca consolidaron matrices productivas mineras que generan miles de empleos y recursos fiscales sostenidos, Chubut profundizó su dependencia del gasto público y actividades primarias tradicionales.
La comparación con Vaca Muerta no es caprichosa. Neuquén transformó un recurso geológico en política de Estado. Chubut, en cambio, convirtió su potencial minero en un conflicto permanente.
Claves
- Proyectos de clase mundial paralizados desde hace más de 20 años.
- Inversiones potenciales superiores a USD 2.000 millones.
- Miles de empleos directos e indirectos que no se generaron.
- Regalías y divisas que podrían haber fortalecido las cuentas públicas.
- Debate social aún pendiente sobre minería moderna y sustentabilidad.
¿Puede Chubut recuperar su Vaca Muerta minera?
La discusión no es solo ambiental ni ideológica: es estratégica. En un país que necesita dólares, empleo privado y desarrollo federal, dejar enterrados yacimientos multimillonarios implica renunciar a herramientas de crecimiento.
El desafío para Chubut no es repetir modelos del pasado, sino construir un esquema moderno, con controles ambientales estrictos, participación comunitaria y reglas claras para la inversión. La experiencia de otras provincias demuestra que es posible compatibilizar minería y desarrollo.
La pregunta es si la provincia seguirá administrando restricciones y pobreza, o si finalmente convertirá su riqueza geológica en motor productivo.

