La aprobación de proyectos mineros bajo el RIGI volvió a instalar una pregunta incómoda en San Juan: ¿alcanza un nuevo régimen de incentivos para reactivar una minería que lleva más de una década sin despegar? Con dos proyectos avalados y uno en análisis, el sector advierte que el problema no es solo normativo, sino estructural, político y productivo.
Diez años de meseta: la minería sanjuanina frente al espejo
La minería en San Juan atraviesa un momento paradójico. La provincia conserva activos de clase mundial, un know-how acumulado y una larga tradición minera, pero los indicadores reales de desarrollo permanecen prácticamente congelados desde hace más de una década. Especialistas del sector coinciden en un diagnóstico lapidario: “la única verdad es la realidad, y la realidad es que estamos igual que hace diez años”.
Durante ese período pasaron dos gobiernos completos de Sergio Uñac y más de la mitad de la gestión de Marcelo Orrego, sin que se haya producido un salto cualitativo en términos de construcción de minas, generación de empleo masivo o consolidación de una cadena de valor local fuerte. El último gran impulso estructural, recuerdan, se dio durante la administración de José Luis Gioja, cuando la minería ocupaba un rol central en la agenda de desarrollo provincial.
En ese contexto aparece el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), impulsado a nivel nacional como herramienta para destrabar proyectos de gran escala. En San Juan, ya fueron aprobados dos emprendimientos: la reactivación de Gualcamayo y Los Azules, mientras que El Pachón permanece en análisis. Sin embargo, la pregunta de fondo persiste: ¿el RIGI alcanza para revertir una inercia de más de diez años?
RIGI: incentivo financiero sin conducción política
Desde el sector minero privado advierten que el RIGI no resuelve por sí solo los problemas de fondo que arrastra la minería sanjuanina. “Lo que empezó como una solución al problema del desarrollo regional está empezando a convertirse en parte del problema”, señalan con crudeza.
Las compañías mineras, explican, no están invirtiendo con decisión en territorio, sino que se mueven con extrema cautela financiera. Mantienen estructuras mínimas, campamentos de exploración austeros y plantillas reducidas, mientras los tiempos de definición de los proyectos se estiran indefinidamente. El resultado es una minería “en pausa”, con anuncios recurrentes pero sin materialización concreta.
“Hace más de diez años que escuchamos lo mismo: ya llega, ya llega. Todo a media máquina”, remarcan. Y el contraste regional es inevitable: Mendoza, históricamente rezagada en minería metalífera, decidió acelerar definiciones políticas, ordenar su marco normativo y avanzar con una velocidad que hoy genera incomodidad en San Juan.
Para los especialistas, el problema no es solo económico sino de liderazgo y gestión. “Basta de fotos en despachos, basta de fotos de reuniones. La minería de San Juan tiene que avanzar”, reclaman.
Proveedores locales fuera del radar y pérdida de competitividad
Uno de los efectos más preocupantes del estancamiento es el deterioro del entramado proveedor local. Según referentes del sector, los departamentos de compras de las grandes mineras ya no priorizan a proveedores sanjuaninos, aun cuando invierten, generan empleo y pagan impuestos en la provincia.
“La lógica hoy es precio puro. San Juan dejó de ser competitivo en muchas cosas”, explican. Las nuevas políticas comerciales y el contexto liberalizado empujaron a las compañías a buscar insumos y servicios fuera de la provincia —e incluso fuera del país— sin que exista una estrategia oficial para revertir esa tendencia.
El reclamo es concreto: falta un Estado provincial que se siente con las mineras y marque reglas claras de desarrollo local, que exija compras en San Juan, fortalecimiento de proveedores y encadenamientos productivos reales. “No hay nadie que los siente en una mesa y les diga: señores, tienen que portarse bien y comprar en San Juan”, sintetizan.
Gestión minera: el debate incómodo sobre los perfiles técnicos
Otro punto crítico que emerge del análisis es el perfil de conducción del Ministerio de Minería. Para los especialistas, la actividad requiere conducción técnica y conocimiento profundo del negocio. “Los ministros de Minería no pueden ser abogados”, afirman sin rodeos.
La minería es una actividad compleja, intensiva en ingeniería, planificación y gestión de riesgos. Según esta visión, la falta de perfiles técnicos ralentiza procesos, agrega capas burocráticas innecesarias y termina demorando decisiones clave en etapas críticas como permisos, construcción y puesta en marcha de minas.
“El resultado es claro: procesos más lentos, menos inversiones y pérdida de oportunidades”, señalan.
¿RIGI como punto de inflexión o nuevo anuncio fallido?
El RIGI puede ser una herramienta potente, pero no es una solución mágica. Sin conducción política clara, sin una estrategia provincial agresiva y sin decisiones firmes para ordenar la actividad, San Juan corre el riesgo de seguir esperando mientras otras provincias avanzan.
La minería sanjuanina enfrenta una disyuntiva: aprovechar el RIGI como palanca real de transformación, con proyectos que se construyan y generen empleo, o convertirlo en un nuevo capítulo de promesas incumplidas. La respuesta ya no depende de los recursos geológicos —que sobran— sino de la capacidad de gestión, decisión política y visión de desarrollo.
Claves del debate minero en San Juan
- Dos proyectos aprobados por el RIGI y uno en análisis
- Más de 10 años sin nuevas minas en producción
- Proveedores locales desplazados por criterios de precio
- Falta de conducción técnica especializada
- Comparación incómoda con el avance de Mendoza
Proyección: la minería que San Juan necesita decidir
Si el RIGI no se acompaña con una política minera provincial activa, reglas claras, defensa del proveedor local y conducción técnica, el riesgo es claro: seguir teniendo proyectos en papeles, pero no minas en operación. San Juan aún está a tiempo de revertir la meseta, pero el margen se achica y la paciencia del sector se agota.

