San Juan

Vicuña todavía no produce y ya moviliza millones: 580 proveedores, 3.000 trabajadores y US$318 millones distribuidos

El proyecto que integra Josemaría y Filo del Sol presentó su primer Reporte de Sostenibilidad con datos de 2025. Antes de iniciar la producción comercial, Vicuña ya distribuyó más de US$318 millones, trabajó con 580 proveedores argentinos, sostuvo una fuerza laboral propia de 415 personas y movilizó a otros 2.576 trabajadores a través de empresas contratistas.

La discusión sobre cuánto deja la minería suele concentrarse en el momento en que una mina comienza a producir, exportar y generar regalías. El caso de Vicuña permite observar una etapa anterior y medir algo que muchas veces queda fuera de las estadísticas tradicionales: el movimiento económico que genera un gran proyecto mientras todavía está atravesando exploración, ingeniería, permisos, infraestructura y preparación para la construcción. El primer Reporte de Sostenibilidad de Vicuña, correspondiente a 2025, puso cifras a ese proceso y mostró que el proyecto ya movilizaba cientos de millones de dólares antes de alcanzar la producción comercial.

Durante ese año, Vicuña distribuyó un valor económico de US$318.178.534 entre distintos actores vinculados con su actividad. La cifra no corresponde a ingresos por venta de minerales, porque Vicuña todavía no produce comercialmente. Es el resultado del gasto y la inversión asociados al desarrollo del proyecto, que integra los depósitos Josemaría y Filo del Sol bajo una empresa conjunta conformada por BHP y Lundin Mining. El reporte fue elaborado bajo estándares GRI, incorporó una evaluación de doble materialidad y tuvo una revisión externa limitada e independiente, estableciendo una primera línea de base para medir la evolución futura del proyecto.

Más de US$63 millones quedaron vinculados directamente a San Juan

El impacto económico adquiere una dimensión todavía más concreta cuando se observa qué ocurrió dentro de San Juan. En 2025, Vicuña distribuyó en la provincia US$63.521.957. De ese monto, US$43.529.473 correspondieron a costos del proyecto, mientras que los salarios y beneficios alcanzaron US$17.701.463 y los impuestos representaron otros US$2.291.021. Se trata de recursos generados durante una etapa en la que todavía no existe producción de cobre, oro o plata, lo que permite dimensionar el volumen económico asociado a las actividades previas a la operación minera.

El derrame también aparece en la cadena de proveedores. Durante 2025, Vicuña Argentina trabajó con 580 proveedores de bienes y servicios, y el 60% de esas empresas fueron sanjuaninas. La relación con empresas locales no quedó limitada a la contratación de servicios vinculados directamente con la exploración: durante 2026 comenzaron a tomar mayor protagonismo las obras de infraestructura, la construcción y los programas destinados a ampliar la participación de compañías de Iglesia y Jáchal.

Uno de los ejemplos es el Corredor Norte, infraestructura proyectada para conectar San Juan con el proyecto. En septiembre de 2026 fueron adjudicadas las secciones A1 y A2, con una extensión de 63,6 kilómetros, dentro de un corredor que tendrá aproximadamente 220 kilómetros. La obra fue adjudicada a una unión transitoria integrada por Contreras, Boetto y Buttigliengo Constructora y la empresa sanjuanina Construmin. A esto se suman otros 50 kilómetros adjudicados previamente entre La Majadita y el ingreso al campamento Batidero.

La dimensión de estas contrataciones muestra que el desarrollo de Vicuña comienza a extenderse sobre actividades que exceden estrictamente la perforación o la exploración geológica. Caminos, construcción, transporte, servicios, ingeniería y proveedores especializados empiezan a formar parte de una cadena que deberá aumentar su capacidad a medida que el proyecto avance hacia la construcción.

Más de 2.500 contratistas y una fuerza laboral que ya se está formando

El empleo es otro de los indicadores que permite observar la magnitud del proyecto antes de su entrada en producción. Al cierre de 2025, Vicuña contaba con 415 trabajadores propios, de los cuales el 73% de las personas contratadas en Argentina residía en San Juan. La compañía contabilizó además 5.088,5 horas de capacitación durante el año, mientras que el 99% de su plantilla tenía contratos por tiempo indeterminado y jornada completa.

Pero el número cambia sustancialmente cuando se incorpora el empleo generado a través de las empresas contratistas. Durante 2025, las contratistas emplearon a 2.576 personas, con un 80% de trabajadores residentes locales. Es decir, alrededor de 3.000 personas estuvieron vinculadas laboralmente con el proyecto entre personal propio y contratistas en una etapa en la que Vicuña todavía no había comenzado a producir.

Ese dato resulta especialmente relevante para San Juan porque el proyecto todavía se encuentra en una fase previa al salto de escala que implicará la construcción. La capacitación, el desarrollo de proveedores y la incorporación de trabajadores locales forman parte de una preparación que apunta a que la provincia pueda responder a una demanda laboral que será considerablemente mayor durante las siguientes etapas del desarrollo.

La inversión social también comenzó antes de la producción. Vicuña destinó US$1,94 millones durante 2025 a iniciativas comunitarias, con programas orientados a la capacitación y formación de trabajadores, desarrollo de proveedores y otras acciones definidas junto con las comunidades. En San Juan, esas iniciativas alcanzaron a 806 beneficiarios, de los cuales el 58% fueron mujeres. La compañía también puso en marcha herramientas como Capital Semilla para emprendimientos de su zona de influencia.

Agua, ambiente y patrimonio también entraron en la línea de base

El reporte no se limita a contabilizar dólares y puestos de trabajo. Vicuña incluyó indicadores vinculados con agua, aire, ruido, suelo, biodiversidad y criósfera, en un proyecto ubicado en un ambiente cordillerano de alta montaña y condiciones de aridez. Durante 2025, la compañía aprobó una estrategia de gestión del agua basada en abastecimiento multifuente, eficiencia hídrica, recuperación y reutilización del recurso y prevención de impactos sobre los sistemas hídricos y los ecosistemas.

Uno de los mecanismos implementados fue un monitoreo participativo del agua realizado en La Chigua junto con representantes de comunidades de Iglesia y Jáchal. El procedimiento incluyó mediciones en terreno, verificación comunitaria de la cadena de custodia y análisis de muestras en un laboratorio acreditado. La información forma parte de una línea de base que deberá compararse con los resultados de las próximas etapas del proyecto.

El patrimonio cultural también fue incorporado a la planificación. Vicuña implementó procedimientos para actuar ante eventuales hallazgos arqueológicos y comenzó un mapeo 3D del sitio de Angualasto, ubicado próximo al trazado proyectado del Corredor Norte. La iniciativa incorpora herramientas digitales e inteligencia artificial para documentar el sitio y generar contenidos con potencial educativo y turístico.

El salto de escala llegará con la construcción

Los números de 2025 deben leerse como una fotografía de una etapa previa. Vicuña todavía no es una mina en producción y, por lo tanto, esos US$318 millones distribuidos no incluyen regalías derivadas de la producción de cobre ni exportaciones de concentrado. Lo que muestran es cuánto puede movilizar un proyecto de gran escala antes de que comience a generar producción comercial.

Durante 2026, además, el proyecto avanzó hacia una etapa diferente. Vicuña obtuvo la aprobación para ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como Proyecto de Exportación Estratégica de Largo Plazo, mientras continuaron las obras de infraestructura y la exploración en Filo del Sol. La compañía anunció para la temporada 2026-2027 una campaña de aproximadamente 55.500 metros de perforación diamantina, con hasta ocho equipos trabajando simultáneamente y pozos que podrían superar los 1.500 metros de profundidad.

La escala futura también se refleja en la infraestructura energética. Para la primera fase de Josemaría se proyectó una demanda de 260 MW y una obra que contempla una nueva estación transformadora Chaparro, ampliaciones en Nueva San Juan y Rodeo y una línea de extra alta tensión de aproximadamente 167 kilómetros entre Rodeo y Chaparro. Es infraestructura asociada a la necesidad del proyecto, pero que también amplía la capacidad del sistema eléctrico provincial.

El desarrollo integrado de Josemaría y Filo del Sol contempla una inversión inicial estimada en alrededor de US$7.000 millones y una inversión total cercana a US$18.000 millones a lo largo de las distintas etapas del proyecto. Por eso, los números presentados ahora por Vicuña funcionan como un punto de partida: muestran qué ocurrió cuando todavía no había producción y permiten observar cómo podría crecer el impacto económico, laboral, empresarial y de infraestructura cuando el proyecto avance hacia la construcción y posteriormente hacia la operación.